#1 VOCES VERNÁCULAS - Noélie Michal
- 21 mar
- 6 Min. de lectura
TALLER "Arquitectura Maya", Bécal, México - Agosto 2025
Bienvenidos a la edición inaugural de "Voces Vernáculas".
Más allá de las piedras y las estructuras, Taller&Patrimoine es una historia de personas. Esta serie nació del deseo de poner rostro a nuestra misión: amplificar las voces de las familias a las que apoyamos, de los voluntarios que donan su tiempo y de los profesionales que comparten su experiencia. Estos son los seres humanos que, día tras día, dan vida a nuestros valores sobre el terreno.
Para esta primera edición, conversamos con Noélie Michal, ingeniera en edificación sostenible que actualmente ejerce en un estudio de arquitectura francés. Desde sus inicios en la autoconstrucción participativa en Francia hasta su profunda inmersión en el Taller de Arquitectura Maya, Noélie comparte una perspectiva generosa y esclarecedora. Su trayectoria explora la resiliencia de los materiales de origen biológico y demuestra cómo el conocimiento ancestral, específicamente la construcción con tierra, está moldeando el futuro de la ingeniería moderna.

Noélie cortando el Huano
"Descubrí Taller y Patrimonio a través de la red Rempart, en un momento en que buscaba profundizar mis conocimientos sobre arquitectura vernácula y vivir una experiencia internacional, idealmente en América Latina. Desde hace varios años me interesaban los saberes tradicionales y la forma en que las construcciones antiguas responden inteligentemente al clima, a los recursos disponibles y al estilo de vida de las poblaciones locales. Cuando me enteré de este proyecto en el corazón de la cultura maya, la idea de participar surgió de forma natural. Descubrir técnicas ancestrales, utilizadas durante siglos y aún funcionales hoy en día, resonaba con mis propias inquietudes sobre la edificación sostenible y la preservación del patrimonio inmaterial.
Antes de este proyecto, ya había participado en varias experiencias relacionadas con la construcción con tierra, especialmente en talleres en Francia, así como en un voluntariado en los Andes bolivianos para la construcción de una escuela autónoma y bioclimática. Estas experiencias habían marcado profundamente mi visión del trabajo como ingeniera. Sin embargo, sentía que me faltaba una inmersión cultural más fuerte, un intercambio más directo con comunidades cuyo conocimiento se transmite de generación en generación. El taller organizado por Taller y Patrimonio representó para mí la oportunidad ideal para comprender desde dentro lo que significa practicar un oficio antiguo en un contexto donde sigue vivo, tiene sentido y está profundamente arraigado en la identidad de sus habitantes.
Desde el momento en que llegué al pueblo de Bécal, me impactó la autenticidad del lugar. Todo evocaba una sensación de sencillez y serenidad que contrastaba con los ritmos de vida acelerados a los que estoy acostumbrada. El equipo de voluntarios, formado por jóvenes arquitectos franceses y mexicanos, creó inmediatamente una atmósfera dinámica y acogedora. Todos veníamos de entornos diferentes, pero estábamos unidos por el mismo deseo: aprender, ayudar y comprender una forma de construir que lleva consigo toda una cosmovisión.
La primera visita a las casas que íbamos a restaurar fue un momento impactante. Su arquitectura, a la vez modesta y sumamente inteligente en su ejecución, desafía de inmediato nuestros hábitos y estándares occidentales. Estos hogares, hechos con materiales naturales y locales, parecen respirar con el clima: protegen del calor, resisten la humedad y se integran perfectamente en su entorno. Al conocer a las familias que han vivido allí por generaciones, comprendí que este patrimonio no era solo material, sino también social, simbólico y profundamente ligado a la identidad. Algunas familias compartieron recuerdos vinculados a sus hogares, historias transmitidas por padres o abuelos, lo cual me conmovió enormemente.
Entre las personas admirables que conocí, Pedillo me dejó una huella especial. Se le considera el último guardián del conocimiento del pueblo, el único capaz todavía de restaurar completamente una casa maya con técnicas tradicionales. Su agilidad y precisión al manejar los huanos (las hojas de palma utilizadas para el techado) eran impresionantes. Poseía esa forma de trabajar tranquila y segura que solo tienen quienes han aprendido a través de una vida entera de experiencia y observación. Verlo cortar los huanos, seleccionar los útiles, explicar sus características o cómo posicionarlos, fue una verdadera lección de humildad. Sentí lo valioso, frágil y amenazado que está este conocimiento.
El proyecto en sí se dividió en varias etapas. Primero, fuimos a cortar las hojas de huano directamente en el campo de un residente local. Este paso, que puede parecer sencillo en teoría, requiere en realidad mucha experiencia: hay que saber elegir las palmas maduras y manejar el machete con cuidado. Una vez cortadas, las preparamos para ser instaladas en el techo: clasificándolas, alineándolas, retirando las partes inservibles y organizándolas en pilas.
Cuando empezamos a retirar los huanos viejos quemados por el sol, me di cuenta de cuánto afecta el clima a la vida útil de estos materiales. El calor extremo, la lluvia tropical y el viento dejan su huella rápidamente. Instalar los nuevos huanos fue una de las tareas más exigentes físicamente del taller. Trabajar en altura, bajo un calor intenso y entrelazando las hojas para que la lluvia no se filtre, hizo que el trabajo fuera particularmente difícil. Sin embargo, fue también la parte más gratificante: ver cómo el techo se reconstruía gradualmente, capa por capa, daba una fuerte sensación de progreso y belleza. Desde el interior de la casa, el entrelazado de las hojas crea un patrón muy artístico.
Al mismo tiempo, también aprendimos la técnica del bahareque, un método de construcción que utiliza tierra para rellenar un entramado de listones de madera. Aunque ya había practicado la construcción con tierra, esta técnica era nueva para mí. Demuestra que la tierra, un material accesible y humilde, puede volverse muy resistente si se usa adecuadamente. Trabajar con las manos, sentir la textura de la tierra, mezclarla, aplicarla a puñados sobre el muro existente y alisarla fue particularmente agradable.
La dinámica de grupo desempeñó un papel fundamental en el éxito del proyecto. Hubo una excelente distribución de las tareas, aportando cada uno sus habilidades y energía. Cuando un trabajo se volvía demasiado cansado, alguien más tomaba el relevo. A veces, la música acompañaba nuestros esfuerzos y nos motivaba. Nos reímos mucho a pesar del esfuerzo físico.
Más allá del trabajo, la vida comunitaria creó momentos memorables. Las noches en la casa que compartíamos estaban llenas de discusiones fascinantes sobre arquitectura, medio ambiente, gastronomía y tradiciones mexicanas y francesas. Los momentos de baile también fortalecieron nuestros lazos; recordaré por mucho tiempo la "chenille" improvisada en la casa y el "paquito", momentos donde las barreras culturales desaparecían por completo entre risas y alegría. A pesar de nuestras diferentes culturas, formamos rápidamente una pequeña familia, lo que hizo que la despedida al final fuera particularmente difícil.
La integración en el pueblo también fue facilitada por los propios lugareños. La señora del puesto de jugos, las tejedoras de cestas, el párroco de la iglesia: todos nos recibieron con una calidez inesperada. ¡Las comidas que compartimos con las familias cuyas casas estábamos restaurando fueron también increíblemente enriquecedoras y deliciosas!
Josseline, que coordinó nuestra estancia, desempeñó un papel esencial en la creación de puentes entre nosotros y los actores locales. Participamos en actividades con sentido, que aportaban algo al pueblo y que nos permitían ir más allá del simple papel de voluntarios extranjeros de paso. Intercambiamos experiencias con artesanos, participamos en talleres sobre la cultura maya, escuchamos testimonios... muchas oportunidades para comprender lo importante que es el patrimonio para los habitantes.
Esta experiencia reforzó mi compromiso como voluntaria. Ya era sensible al patrimonio y a la arquitectura vernácula, pero este taller me permitió llegar mucho más lejos en mi reflexión. Me empujó a cuestionar nuestros estilos de vida, nuestras formas de construir y, sobre todo, la manera en que algunas sociedades asocian la arquitectura vernácula con la pobreza. En México, estas casas tradicionales a veces se ven como símbolos de un pasado que debería borrarse en favor de materiales industriales modernos. Sin embargo, representan un saber hacer ingenioso, resiliente, sostenible y culturalmente rico.
Desde esta experiencia, he seguido participando en otros proyectos de voluntariado en México, siempre vinculados al patrimonio y a la arquitectura vernácula. Como ingeniera en edificación sostenible, esta inmersión me dio ganas de formarme más en la conservación del patrimonio arquitectónico. Ahora deseo orientar mi carrera hacia proyectos que valoren estas técnicas y conocimientos, integrando al mismo tiempo la conciencia sobre los problemas medioambientales. Me gustaría trabajar en una organización o empresa que me permita alinear mis valores, mi compromiso y mis competencias técnicas.
Por supuesto, recomiendo este taller a cualquier persona que desee descubrir no solo las técnicas de construcción tradicional, sino también una forma de vivir, pensar y construir profundamente conectada con la cultura maya. Más allá del aprendizaje técnico, es una experiencia humana excepcional, un intercambio con los habitantes locales y una forma única de descubrir México desde una perspectiva alejada de los clichés turísticos. Para mí, esta experiencia marcará un antes y un después: fortaleció mis convicciones, amplió mi comprensión del patrimonio y reavivó mi deseo de contribuir activamente a su preservación".
La historia de Noélie nos recuerda poderosamente que la innovación no siempre surge de la complejidad tecnológica, sino a menudo de una reinterpretación humilde y experta de los recursos locales. Su experiencia entre Francia y México ilustra perfectamente el puente que nos esforzamos por construir: un diálogo entre la tradición y la modernidad, y entre la ingeniería técnica y el oficio artesanal.
Un agradecimiento de corazón a Noélie por este intercambio tan inspirador y por su compromiso inquebrantable con una arquitectura que es, a la vez, más humana y más respetuosa con su entorno.

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